Confiar en el proceso: cómo soltar el control sin dejar de avanzar
- Javi Torres

- 30 jun
- 3 min de lectura
Actualizado: hace 2 horas
Hay una frase que escucho seguido en consulta y que me parece que lo nombra muy bien:
"No es que no confíe en mí. Es que no soporto no saber cómo va a salir."
Eso, esa tensión entre seguir haciendo algo y no saber si va a funcionar, es una de las fuentes de agotamiento que más veo en consulta. Y también una de las que menos se nombra, porque cuesta diferenciarla de la ansiedad general.
No es que estés haciendo demasiado. Es que estás gastando mucha energía intentando controlar el resultado de un proceso que todavía no ha terminado.
Por qué la incertidumbre nos activa el control
Cuando no sabemos cómo va a salir algo, el sistema nervioso lo registra como una amenaza. No porque el proceso en sí sea peligroso, sino porque la incertidumbre no es controlable. Y lo que no podemos controlar nos genera tensión.
Entonces hacemos lo más natural del mundo: intentamos controlar algo. Lo que sea. Revisamos lo que ya revisamos. Planificamos todos los escenarios posibles. Damos vueltas en la cabeza. Pedimos opiniones. Buscamos señales.
Esa respuesta no es irracional. Es una estrategia de regulación. El problema es que no funciona: controlar no calma la incertidumbre. Solo la pospone. Y en el camino, el esfuerzo de controlar cansa más que el proceso mismo.
Lo que confiar en el proceso no significa
Hay un malentendido muy común cuando hablamos de confiar en el proceso: que significa resignarse, creer que todo va a salir bien o dejar de hacer cosas.
Desde la psicología, confiar en el proceso es algo distinto. Es seguir haciendo lo que está en tus manos, sin gastar energía en intentar controlar lo que no lo está. Es la diferencia entre actuar y controlar.
Actuar es tomar decisiones, moverse, crear condiciones. Controlar es intentar garantizar el resultado de esas decisiones. Lo primero está en tu radio de acción. Lo segundo, casi nunca.
Confiar en el proceso no es optimismo. Es la capacidad de seguir sin necesitar la certeza primero.
Cómo se aprende a confiar cuando todo es incierto
No hay un momento en el que uno aprende a confiar y ya. Es algo que se practica cada vez que la incertidumbre aparece y decidimos no escapar de ella ni controlarla — sino quedarnos con ella un momento.
En consulta trabajo esto de varias formas, pero hay tres cosas que aparecen siempre.
Lo primero es nombrar el proceso. Muchas veces la angustia de no saber cómo va a salir se vive como una sensación global y difusa, "estoy ansiosa" o "todo me preocupa", cuando en realidad hay algo específico. Nombrarlo lo hace más manejable.
Lo segundo es separar lo que está en tus manos de lo que no. No para resignarte a lo segundo, sino para dejar de gastar energía ahí. Lo que puedes hacer, hazlo. Lo que no, observa el impulso de controlarlo sin seguirlo.
Y lo tercero es tolerar la incomodidad de no saber en dosis pequeñas. No de golpe. Cada vez que aparece la incertidumbre y decides no revisar, no planificar de más, no buscar más opiniones, eso es un entrenamiento. Se acumula.
Tres preguntas para esta semana
Si sientes que la incertidumbre te está pesando ahora, estas preguntas pueden ayudarte a ver más claro. Puedes escribirlas o simplemente dejártelas reposar.
¿Qué proceso estoy llevando ahora que no sé cómo va a salir? Nómbralo con palabras concretas.
¿Qué estoy haciendo para manejar esa incertidumbre? ¿Estoy controlando más, pensando en loop, evitando sentirlo?
¿Qué significaría para mí confiar en este proceso sin necesitar saber el resultado? ¿Qué necesitaría soltar para hacer eso?
Para seguir trabajando esto
Confiar en el proceso no es algo que se aprende una vez. Es una práctica que se construye de a poco, con apoyo y con espacio para trabajarlo en profundidad.
Este julio en CALMA, el espacio mensual de Rincón Consciente, estamos trabajando exactamente en esto. Si sientes que es tu momento, te invito a acompañarnos. Puedes encontrar más información en aquí.
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