¿Qué haces cuando aparece el impulso de controlar?
- Javi Torres

- 6 jul
- 5 min de lectura
Esta semana hice una pregunta en historias:
¿Cuándo aparece más en ti el impulso de controlar?
Había dos opciones:
A) Cuando me siento inseguro.
B) Cuando algo me importa mucho.
Más de la mitad, un 58%, respondió: “cuando me siento inseguro”
Esta respuesta me quedó dando vueltas, porque creo que muestra algo muy importante.
En primer lugar: Controlamos cuando las cosas nos importan mucho porque cuando hay algo valioso en juego o cuando sentimos que podemos perder algo, aparece el deseo de anticipar, ordenar o asegurarnos de que todo salga bien.
Y también: Tal vez no intentamos controlar solo porque algo nos importa, sino porque no nos sentimos seguros de poder sostener lo que venga, pase lo que pase.
Lo que el control en realidad protege
El control suele aparecer como una forma de buscar seguridad.
Cuando algo es incierto, cuando no sabemos cómo va a terminar o cuando sentimos que podríamos no poder manejar el resultado, nuestra mente intenta anticiparse. Empieza a revisar escenarios, a pensar una y otra vez en lo mismo, a buscar respuestas antes de que existan y a intentar ordenar mentalmente algo que todavía está en movimiento.
Desde afuera, eso puede verse como exceso de pensamiento, ansiedad, rigidez o necesidad de tener todo bajo control. Pero por dentro, se siente como una forma de protección. Como si una parte de nosotros dijera: “necesito saber qué va a pasar para poder estar tranquilo” o “necesito controlar esto porque no sé si voy a poder sostener lo que venga”.
Aquí aparece una idea importante: solemos relacionar el control con falta de confianza, pero también tiene que ver con falta de seguridad. No porque seamos frágiles o incapaces, sino porque en ese momento no nos estamos sintiendo sostenidos.
Cuando intentamos controlar cosas que no dependen completamente de nosotros (las decisiones de otras personas, los tiempos de la vida, los resultados, las respuestas o los procesos emocionales) nos agotamos. Porque no solo estamos viviendo lo que está pasando, también estamos tratando de resolver mentalmente todo lo que podría pasar y ese esfuerzo constante nos desgasta y agota.
Cambiar la pregunta
Esto importa porque nos ayuda a cambiar la pregunta. En vez de preguntarnos solamente “¿cómo dejo de controlar?”, tal vez podemos empezar a preguntarnos algo más amable: “¿qué parte de mí no se está sintiendo segura en este momento?”
Esta pregunta abre un camino distinto porque el objetivo ya no es retarnos por controlar, ni decirnos “relájate”, “suelta” o “confía”. Esas frases, aunque a veces tienen buena intención, rara vez ayudan cuando estamos en medio de una situación que nos importa o nos duele.
El objetivo es empezar a construir una sensación de seguridad interna para poder sostenernos, independientemente del resultado. No porque el resultado no importe, no porque todo nos dé lo mismo, no porque no tengamos miedo. Sino porque podemos aprender a acompañarnos de una forma distinta mientras atravesamos la incertidumbre.
Podemos empezar a decirnos: “no sé cómo va a salir esto, pero puedo acompañarme”. “No tengo todas las respuestas, pero puedo estar conmigo en este proceso”. “Aunque no pueda controlarlo todo, puedo cuidar de mí en este momento”.
Eso es muy distinto a obligarnos a confiar. Es empezar a construir una relación más segura con nosotros mismos.
Controlar menos no siempre empieza por soltar
Hablamos de soltar como si fuera algo que se pudiera hacer de un momento a otro. Como si bastara con decirnos “suelta”, “deja de controlar” o “confía en el proceso” para que el cuerpo, la mente y la emoción obedecieran inmediatamente.
A veces no podemos soltar porque todavía no tenemos dónde caer.
Por eso, antes de soltar, necesitamos sostenernos. Necesitamos reconocer qué nos da seguridad, qué nos calma, qué personas nos acompañan, qué hábitos nos ayudan a volver al presente y qué pequeñas prácticas nos permiten sentir que, aunque no sepamos cómo va a terminar algo, no estamos completamente desprotegidos.
Confiar en el proceso no significa que todo va a salir como queremos. Tampoco significa negar el miedo, apurar la calma o fingir que estamos bien. Significa que, incluso en medio de la incertidumbre, podemos construir recursos para acompañarnos mejor.
Un ejercicio para esta semana
Te propongo una herramienta simple para observar tu impulso de controlar con más amabilidad. Puedes hacerla en tu journal, en una nota del celular o guardarla para volver a ella cada vez que sientas que estás intentando controlar algo que te sobrepasa.
No existen respuestas perfectas ni correctas. La idea es detenerte un momento y mirar qué está pasando debajo del control.
Herramienta para ti: del control al sostén
La próxima vez que notes que estás intentando controlar algo, responde estas preguntas:
1. ¿Qué estoy intentando controlar?
Nombra la situación de la forma más concreta posible. Puede ser una conversación, una decisión, una reacción de otra persona, el resultado de un proyecto, los tiempos de un proceso o incluso cómo te vas a sentir mañana.
2. ¿Qué miedo aparece si no lo controlo?
Detrás del control suele haber un miedo que necesita ser escuchado. Puede ser miedo a equivocarte, a perder algo, a sentir dolor, a decepcionarte, a no poder sostener lo que venga o a que algo no salga como esperabas.
3. ¿Qué parte de mí necesita sentirse más segura?
En vez de decirte “otra vez estoy intentando controlar”, pregúntate: “¿qué parte de mí está necesitando más seguridad en este momento?” Tal vez necesitas pedir ayuda, bajar la exigencia, descansar antes de decidir o escuchar algo más amable de ti misma.
4. ¿Qué sí depende de mí hoy?
Cuando todo se siente incierto, puede ayudar volver a lo concreto. Quizás hoy depende de ti respirar antes de responder, pedir apoyo, escribir lo que sientes, poner un límite, dar un paso pequeño o dejar de revisar algo por un rato.
No se trata de resolver toda la situación. Se trata de encontrar un gesto posible.
5. ¿Cuál es mi ancla de sostén?
Elige una frase, una acción o un gesto pequeño al que puedas volver cuando aparezca la necesidad de controlar. Puede ser caminar unos minutos, escribir una página, hablar con alguien de confianza, tocar tu pecho mientras respiras o repetirte una frase que te devuelva calma.
Algunas frases posibles:
No necesito resolverlo todo hoy.
Puedo acompañarme paso a paso.
Aunque no tenga certeza, puedo cuidar de mí ahora.
Esto me importa, por eso me cuesta. Y puedo tratarme con paciencia.
La próxima vez que aparezca el impulso de controlar, intenta no verlo como un defecto. Míralo como una señal. Una parte de ti está buscando seguridad, una parte de ti está intentando protegerte y una parte de ti necesita sentirse acompañada.
Quizás el camino no sea exigirte soltar de inmediato, sino empezar a construir dentro de ti un lugar más seguro desde donde puedas atravesar la incertidumbre.
Confiar en el proceso no es dejar de sentir miedo. A veces confiar es aprender a sostenerte con más cuidado mientras algo todavía no se resuelve.
Este mes en Calma estamos trabajando el tema CONFIAR EN EL PROCESO: construir esa sensación de sostén, no solo soltar el control. Si quieres profundizarlo con más tiempo y compañía, te dejo el link en rinconconsciente.app 🌿
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